El Niño Gusano. El Efecto Lupa

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Este artículo tiene un doble carácter póstumo. Primero, por la disolución del grupo ya hace años; y segundo, por el fallecimiento de su vocalista, el escritor y músico Sergio Algora, en 2008. Pero por encima de todo y como suele ocurrir cuando nos tenemos que despedir de algo o de alguien, el legado de El Niño Gusano sobrevive y nos sobrevivirá a todos gracias a que escribieron una página del pop español, pequeña y minoritaria, pero poderosa e indeleble.

El Niño Gusano: Grupo

A la hora de documentarme para escribir estas líneas se ha confirmado una de las ideas o prejuicios que tenía dentro de mi cabeza: El Niño Gusano polariza. Los odias o los amas. Soy de los segundos pero reconozco que me costó.
Cuando uno es adolescente y le toca invertir la paga semanal en algo, y ese algo es un disco, la selección ha de realizarse con un mimo extremo, ya que gran parte del patrimonio propio se marchará sin vuelta atrás. Aun recuerdo cuando volví apresuradamente de la tienda de discos a casa a escuchar “El Efecto Lupa”, segundo LP de los maños. Reconozco que los primeros minutos de toma de contacto fueron desconcertantes. Hubo ganas de lanzar el CD por la ventana.
Pero los buenos discos se paladean despacio hasta que calan y se van haciendo hueco en la mente como viajero recién ingresado en vagón de metro en hora punta. Eso es lo que me ocurrió con E.N.G. Al cabo de unos días, se convirtieron en mi banda sonora, tanto por la música como por las pegajosas imágenes y metáforas que proyectan sus letras en la mente, tejiendo asociaciones plásticas y semánticas muy potentes que adquieren sentido escucha tras escucha.
E.N.G nació en Zaragoza en 1993. Formado por Sergio Algora, Sergio Vinadé, Mario Quesada y Andrés Perruca. El proyecto, larvado en el bar El fantasma de los ojos azules, comenzó con el lanzamiento del álbum “Palencia epé”, al que siguió un año después “Circo Luso” en 1995, gracias al cual, comenzó a hablarse de ellos, no siempre para bien, gracias a singles tan tarareables como “La Mujer Portuguesa”, quizás su puerta de entrada, no ya a los circuitos comerciales, sino a un público un poco más amplio.

Humildes. Incomprendidos. Distintos.
El indie español de mediados de los años 90 oscilaba entre el “noise” de grupos como los Planetas, el sonido melífluo de “Los Fresones Rebeldes” y la anglofilia de por ejemplo, “Australian Blonde”.
El Niño Gusano no encajaba en ninguno de esos departamentos y eso quizás les granjeó fama de raritos entre los raritos pero también sirvió como escaparate para un público más reposado y minoritario, que poco a poco le fue reconociendo un estilo distinguido y alejado de las modas dominantes.
Algunas de las críticas a “Circo Luso” no fueron buenas y la modesta producción de un sello humilde como Grabaciones En El Mar tampoco ayudó. Pero en 1995 el sello RCA publicó un recopilatorio con destacados grupos del indie patrio entre los que estaba E.N.G con su mujer portuguesa, lo que les confirió algo de notoriedad y por qué no, de venganza hacia sus detractores.
El grupo, de estilo desenfadado, con un honesto directo y composiciones y letras muy trabajadadas, se reivindicaba en cada entrevista apuntalando su respeto por la música y la seriedad en su labor creativa. Algo compatible con soflamas del tipo “ensayar es de cobardes”.
Está claro que la banda hace pop y que recoge influencias de Juan y Junior, Los Pekenikes, Los Brincos e incluso ciertos tintes de Blur (perceptibles sobre todo en “El Efecto Lupa”). Pero hasta ahí los paralelismos porque E.N.G. forjaron su propio sonido comenzando con un “Circo Luso” más guitarrero y psicodélico, siguiendo con el “Efecto Lupa”, más pulido y reposado, hasta finalizar con un ligero viraje hacia la electrónica ejemplificado en “El Escarabajo Más Grande De Europa”, que sin abandonar la buena producción iniciada con el anterior album, no suelta el pop pero le guiña el ojo a la música hecha con máquinas informáticas.

Las letras. A rebufo de Buñuel
¿Podrá la tierra, el aire o el agua de una región condicionar la forma de pensar, la mentalidad o incluso la vocación artística de sus gentes? No sabría responder pero si nos atenemos al ejemplo de Albacete con José Luis Cuerda y nuestros contemporáneos chicos de La Hora Chanante habría que decir que sí. Desde una perspectiva neutra y bienintencionada de mi parte, España es tierra de surrealismo.
Lo propio que sucedió en Albacete ocurrió en Aragón con Buñuel y E.N.G. No es que los maños sean heredederos culturales de este director pero es cuanto menos curioso, que una misma tierra dé estos ejemplares de surrealismo.
E.N.G. contó con una posición de ventaja en las letras al contar entre sus filas con el escritor Sergio Algora. Lo justo de sus aptitudes como vocalista contrastaba con la anchura de su capacidad creativa a la hora de construir letras lisérgicas, surrealistas, aparentemente absurdas pero con una capacidad para hilvanar extrañas e ignotas imágenes mentales capaces de insuflar, incluso, estados de ánimo. Tan solo por mencionar un pasaje:
“Has tenido en vida tanto afecto y tanto amor,
que acabarás en casa disecado como yo.
Alas como manos, tu belleza se acabó,
volando sobre el campo causaras admiración”

Champán para todos
Sergio Algora nos dejó en 2008 a consecuencia de una dolencia cardíaca. No fue ninguna sorpresa, su motor llevaba gripado desde tiempo atrás y el fatal desenlace era algo que entraba en las cábalas propias y ajenas.
Para celebrar el amor y la amistad a pesar de la enfermedad, dice quien le conocía que una de sus frases habituales era Champán para todos. Ese mismo título fue escogido por Lola Lapaz y Marisa Ricarte para filmar un documental sobre su figura que podéis ver en la plataforma Filmin.
Algora compaginó su creación literaria con su militancia en E.N.G y sus proyectos derivados una vez finalizada la andadura del grupo zaragozano: Muy Poca Gente y La Costa Brava. Bajo esta última marca hizo su último trabajo junto a Francisco Nixon (Fran Fernández de Australian Blonde).
Juntos firmaron un puñado de buenos discos pero el último, “Velocidad De Crucero” (2007), poco antes de la muerte de Algora, supone un soberbio LP en el que el asturiano carga con el peso del trabajo. Eso no es óbice para que el ex Niño Gusano firmara una de sus mejores composiciones y en las que mejor explota su voz, “Natascha Kampusch” un baladón retro en el que salvando las distancias, hay cierto aire “crooner”. El tema se basa en el secuestro de una mujer austriaca, que acabó encariñándose de quien la privó de libertad.

El Niño Gusano. Difícil de repetir.
Dentro del brillante y cualificado panorama actual de la música independiente española es muy difícil que se repita un grupo como El Niño Gusano. Sin quererlo, se ha revelado como un conjunto carismático que está en boca aun hoy en día de muchas bandas como una de sus influencias.
Lo que para muchos iba a ser flor de un día se ha convertido en un icono minoritario pero presente incluso en nuestra etapa actual. Si les echas de menos o quieres más, puedes probar a escuchara la ya mencionada Costa Brava o Tachenko, el proyecto de Sergio Vinadé.

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