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Fotoperiodismo ¿¿Realidad o Ficción??

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¿Hay que creerse todas las imágenes que vemos en la prensa, redes sociales y en la televisión?

En la actualidad, esta rama del periodismo, es decir, el fotoperiodismo está viviendo una época muy compleja y confusa. Su talón de Aquiles: la falta de credibilidad por parte de los espectadores. El pasado no ha sido colaborador, sino que ha prolongado esa sensación en el público de manipulación e inseguridad. Con la revolución tecnológica y su continua evolución, ha dado lugar a la creación de infinidad de programas como el Photoshop, que permiten la modificación de las imágenes. Un cambio que, en numerosas ocasiones, se excede, alejando el producto de la realidad.
El cambio de la fotografía está ligado al mensaje que el medio quiera transmitir. Desde la aparición de las nuevas tecnologías, la edición de las fotografías deja de ser una opción para convertirse en algo obligado. Nadie queda libre de este procedimiento. El problema yace cuando se persigue trazar el límite. Además, se plantea sobre sí es ético hacer uso de la edición en el producto informativo. El fotoperiodista tiene una responsabilidad y un compromiso directo con el espectador, y las fotografías que proyecta deben ser fieles a una realidad sin alteraciones. El público desea la verdad por encima de todo, por ello, las imágenes informativas no deberían transgredir esos límites, ni aproximarse a ellos. Si bien es cierto que la imagen debe pasar por un proceso amplio, desde que se toma la instantánea hasta que es publicada, por lo que, en cualquiera de sus fases puede vulnerarse.

A continuación se mostrarán tres ejemplos que alteran la realidad:

Franco y Hitler

franco y hitler

Incluso en el pasado también se dieron retoques en las imágenes más destacadas. Se trata de un encuentro entre Hitler y Franco en 1940. La foto original muestra a Franco en una disposición difícil; con la boca abierta y los ojos cerrados. Sin embargo, la magia de la edición hizo de las suyas.

El Mundo

En España hay varios ejemplos (como se ha visto con anterioridad) que sobrepasan estos límites, pero hubo un caso que dio mucho que hablar. En 2009 el periódico El Mundo unió dos fotografías realizadas en un mitin del PSOE. El ex presidente fue acusado de no alzar el puño mientras sonaba “La Internacional”. Lo que debían desconocer es que la agencia que les aportó dichas imágenes también sirvió a otros medios de comunicación. Y, en seguida, se supo de esta manipulación.

O.J Simpson

montaje oj simpson

El futbolista americano fue acusado de doble homicidio y absuelto. Un caso muy mediatizado por todos los periódicos. En varias portadas de distintos medios se puede corroborar, sin mucha dificultad, el retoque de su imagen. Y es aquí donde se afianza la idea de que la imagen está ligada al mensaje que se desea transmitir. The Guardian, Newsweek y Time son algunos de los que sucumbieron a la edición. Oscurecen la imagen para darle ese toque dramático a la escena, y para enjuiciar al, por aquel entonces, acusado.

El uso de edición puede ser aceptable en cuanto no haya excesos y no tergiverse la realidad, ofreciendo otra cara inexistente de ésta. La manipulación es un pasó en adelante de la edición. Tras ese falseamiento fotográfico se esconden propósitos de índole política, económica e incluso social. Cada vez se hace casi imposible diferenciar lo real de lo ficticio, incluso es aún más complicado corroborar si una fotografía ha sido o no manipulada. Por esta razón, empacha al espectador de sospechas, dudas y miedos a ser controlados. Es así como comienza una cadena de crítica y poca fé en la labor fotoperiodista. Pese a que en numerosos casos no sea éste el transgresor de la realidad. Diego Caballo Ardilla en su libro titulado «El poder de la mentira» manifiesta que es usual hallar más casos de manipulación por parte de los medios que fotoperiodistas fraudulentos.
No se debe olvidar que la hazaña que el fotoperiodista lleva a cabo es, en ocasiones, de riesgo. Son testigos de sucesos que se escapan ante nuestros ojos. Su labor primordial es captar de forma honesta e íntegra los acontecimientos de suma importancia para la sociedad. Y tener presente que las fotografías pueden causar un gran impacto y atentar así la sensibilidad y el respeto del público. Todos los fotoperiodistas se rigen por el Código de Ética de la Asociación Nacional de Fotoperiodistas (NPPA), el cual intenta promover la calidad más alta en todas sus formas y reforzar y crear un vínculo entre el público y la profesión, que tanta falta hace.

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