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María Rodés: Lilith

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maría rodés

Entre las voces que piden paso a gritos en la escena musical española, la de María Rodés llama con fuerza a la puerta del gran público fundamentándose en la regularidad y calidad de sus trabajos desde que en 2010 publicara “Una forma de hablar”, su primer disco en solitario.

“Lilith” (2020) supone el quinto larga duración de la cantautora catalana. 28 minutos que a la vez resultan perfectos y dejan con ganas de más. El título está inspirado en una figura mitológica de la tradición mesopotámica y judía caracterizada por ser una mujer rebelde, insumisa ante el patriarcado y ante una sexualidad en la que el hombre predominaba y que terminó expulsada del paraíso.

Toda una declaración de intenciones que marca uno de los leit motiv del disco, homenajear a aquellas mujeres que siguieron su propio camino, las llamadas brujas, que en la mayoría de las ocasiones no fueron sino féminas independientes, curanderas o que simplemente optaron por la soltería, algo historicamente no aceptado.

En el caldero de Rodés también caben el amor tóxico, aquel en el que uno puede quedarse enganchado aun a sabiendas de que se va a hacer daño. Lo vemos en “Carta Al Diablo”, en el que el amante decepciona a la otra parte de la pareja, como si fuera un ser del averno. O también su contrario, el amor romántico y añorante que podemos escuchar en su versión de “RecuerdosdeYpacaraí”, de la que el brasileño Caetano Veloso también hizo su interpretación.

En el fresco onírico que pinta Rodés en “Lilith” también son bienvenidos la jota aragonesa (“Seguramente Fui Yo”), el folk rítmico y juguetón de verdes prados (“Pelo Rojo”) y los ecos andinos, todo ello salpimentado con letras que horadan en el amor inconveniente, el empoderamiento femenino (“La Extraña”), o el lamento y la esperanza que emanan de un amor perdido (“OscuroCanto”)

El empoderamiento femenino

“Lilith” refleja una mujer fuerte que es traicionada, engañada, que es vilipendiada por una sociedad incapaz de concebir su forma de vida independiente y a menores, a una mujer añorante y nostálgica. Todo ello envuelto en una bruma que ejemplifica la conocida como la España mágica, la de los aquelarres, las brujas, los seres imposibles que no salen en las fotografías cuando creíamos haberles capturado con la cámara. Rodés cierra el círculo con su dulce voz, algo más recia en “La Extraña”. El disco se abre y se cierra de forma onírica con una intro “A La Luna Venidera” y una “outro”, “Las Bruixes Tornen”, alfa y omega de un lienzo en el que la tradición no oficial, lo misterioso y lo esotérico se aunan para construir un disco nocturno que consolida a uno de los valores musicales más interesantes y con mayor proyección de nuestro país.

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