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STILL CORNERS The Last Exist

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STILL CORNERS: Carretera y manta

A finales de enero, Greg Hughes y Tessa Murray, o lo que es lo mismo, Still Corners, lanzaron The Last Exist, su quinto album de estudio. El nuevo trabajo supone un giro acústico con respecto a sus entregas anteriores, caracterizadas por unas dosis destacables de electrónica y synth pop.

Han pasado 14 años desde que el dúo británico-americano Hughes-Murray se conoció por casualidad en una estación de ferrocarril de Londres. Desde entonces, a sus espaldas ya se han echado cinco discos.
Deliberadamente o no, este último larga duración de Still Corners, suena más humano y menos máquina. No es un defecto ni una virtud, tan solo un rasgo de identidad de un disco muy homogéneo en el que ningún corte sobresale por encima de otro.
Si este disco fuera un animal, probablemente sería una serpiente del desierto. Sus melodías son elegantes y sinuosas y repta por nuestra mente casi de forma inmediata con canciones pegadizas.
Durante sus casi 43 minutos, el disco nos invita a coger el coche y conducir sin rumbo fijo hasta que nos encontremos a nosotros mismos. Sus constantes alusiones en las letras al desierto, a la arena y a las carreteras se ven reflejadas en un sonido que ha perdido una gran dosis del synth pop que caracterizaba sus anteriores trabajos para encontrar ecos de Lana del Rey, guitarras a lo Dire Straits y melodías inspiradas en Chris Isaak.
Como acostumbran a hacer en sus anteriores trabajos, no faltan los temas instrumentales. En este The Last Exist viene de la mano de Shifting Dunes, que además es de los más electrónicos de los once cortes.
La influencia de Lana del Rey se percibe en el tema que abre el disco y que además le da nombre. Le sigue Crying, el más nostálgico y delicado de esta quinta entrega de Still Corners, apoyado sobre un estribillo basado en piano y golpes de sintetizador desafinados.
White Sands retoma el ánimo del disco, lo dinamiza a través de sus slide guitars y sus ecos noventeros de synth pop. Le sigue el instrumental Till We Meet Again, brumoso y etéreo, y con una segunda parte que es un guiño a Pink Floyd.
A partir de aquí la influencia de Chris Isaak maneja el disco. Slide guitars con reverberaciones y la elegante voz de Murray pisa el pedal del gas para propulsarnos por un crepuscular desierto. Esta particular ruta 66 se abre con A Kiss Before Dying y se cierra con It´s Voodoo. Aquí destacamos Static, puede que el mejor tema del disco.
El disco se cierra con Old Arcade, donde de nuevo se desatan los ecos de Lana Del Rey.

Fin de trayecto

Al igual que en los buenos viajes, ya sea por la compañía o por la excelente música que hemos escogido, no queremos llegar al final. Es lo que nos ocurre con esta quinta entrega de Still Corners. No se hace corto y es un disco sencillo, resultón y altamente adictivo. Entra más fácil que el Trinaranjus en verano y cuesta desprenderse de él. No va a pasar a la historia de la música pero hay pocos discos tan extraordinarios como este para conducir por la noche.

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