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TEENAGE FANCLUB: Apóstoles del indie

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La Discografía de Teenage Fanclub y mucho más

Poco tiene que ver el sonido garajero, grunge y desmelenado de sus comienzos con el canónico y pulido pop que facturan en la actualidad los escoceses. Si hubiera que escoger a un grupo para explicar la transición desde los Beach Boys hasta la actualidad, habría que elegirlos a ellos. Con un puñado de sus canciones entiendes qué ha ocurrido desde esa época dorada hasta nuestros tiempos. Recientemente han publicado su decimocuarto álbum de estudio, Endless Arcade, un recordatorio de que por ellos no pasan los años.

Vamos a intentar explicar esto en términos bíblicos. El Génesis lo encarnarían Beach Boys, especialmente con su álbum “Pet Sounds”. Los californianos, a través de sus armonías y juegos de voces y, por qué no, cierto sonido lo-fi, inauguraron sin ellos saberlo la música independiente. The Beatles encarnarían a los evangelistas y lógicamente, los Rolling Stones, a los ángeles caídos.

Los comienzos de Teenage Fanclub, allá por 1989, se forjaron en el denominado sonido garaje y el powerpop, para pasar después a los flirteos con el grunge. Distorsiones, guitarras contundentes, prisas y producciones baratas protagonizaron los primeros pasos de la banda de Bellshill (Escocia). 1991 fue su puñetazo en la mesa, su disco Bandwagonesque fue encumbrado a los altares como el mejor del año.

Los primeros 90 sirvieron para que brotara un culto de subterfugio al grupo, con una legión de fanáticos pero sin salirse demasiado de los circuitos no comerciales. Uno de ellos, Noel Gallagher, quien dijo de ellos que eran la segunda mejor banda del mundo después de, claro está, Oasis.

Del noise al pop “delicatessen”

Aunque discos como Grand Prix o Thirteen ya adelantaban los destinos más melosos y menos ruidosos de la banda, fue con Songs From Northern Britain (1997), cuando los guitarrazos se atemperan y el sonido “costa oeste” de los Beach Boys, Byrds o Big Star toman las composiciones del trío compuesto por Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love.

Este álbum inscribe a la banda en el pop más preciosista y canónico con composiciones redondas, extremadamente melódicas y con las justas dosis de electrificación a cargo de las guitarras. Supone el punto de inflexión, de madurez en el que el grupo tampoco le hace ascos a introducir algo de folk en sus creaciones.

Howdy y Man Made, con éxito comercial desigual pero bajo el mismo patrón, siguen la estela inaugurada en 1997 con discos calmados, baladas cósmicas e inspiradores tiempos medios. Su última etapa se vuelve aun más cálida y reflexiva (los años no pasan el balde, ¿eh?). Aunque ambos discos no desmerecen y mantienen el alto nivel que siempre han arrojado, es Shadows (2010) el giro de tuerca que recuerda al mundo que se trata de una banda incombustible que no necesita innovar para gustar siempre.

Here (2016), algo más irregular que Shadows, supone la continuidad preciosista en las composiciones de los escoceses, que ahondan en su madurez con temas tan solemnes como Connected To Life o Steady State.

Este 2021 nos ha traído Endless Arcade, el decimocuarto de la banda. Una mezcla entre Songs From Northern Britain y Shadows. En cierto modo y cultivando la misma fórmula de siempre, el disco suena más sesentero, más a Byrds, más juvenil incluso y menos grave que Here. Con él, los británicos parecen haber encontrado la fórmula de la eterna juventud. Los casi 45 minutos que duran están dominados por luminosos y armónicos tiempos medios y solo dejan lugar a la nostalgia con la emotiva The Sun Won´t Shine On Me, otra más de sus baladas de manual.

Tangencias

No puedo evitar comentaros en estas líneas el proyecto que Norman Blake y Joe Pernice tienen en común, The New Mendicants, y que se han traducido en varios singles y en el soberbio Into The Lime, un álbum de pop clásico, muy disfrutable, en el que ambos parecen haber encontrado la horma de su zapato y la conexión musical es absoluta.

Aquí, en España, Alejandro Díez Garín, ex miembro de Los Flechazos, con su estilo mod, cultiva perfectamente ese gusto por la melodía perfecta tan propio de Teenage Fanclub. Bajo su alter ego musical, Cooper, descubrirás un trozo de las Highlands en pleno León.

¿Por qué debo escucharlos?

Porque sus canciones son redondas, exhiben una delicadeza compositiva extrema y por una cuestión de historia musical: son el eslabón entre el pop de los años 60 y lo que hoy denominamos como pop-rock alternativo. Porque año tras año han demostrado ser los artesanos de la melodía y lo que les queda…

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