Inicio El paladar en el oido WEYES BLOOD▶️La musa de nuestros días◀️

WEYES BLOOD▶️La musa de nuestros días◀️

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Weyes Blood

Aunque ya habíamos hablado a grandes rasgos de esta cantautora estadounidense en nuestras recomendaciones para el otoño, Natalie Mering, que es su verdadero nombre, bien merece esta entrada. Aunque su discografía es disfrutable desde su debut, su último disco, Titanic Rising (2019), supone su consolidación. Un momento de su carrera en el que auna frescura y madurez.
No lo vamos a negar, si quieres entrar en el mundo Weyes Blood has de hacerlo con este disco para después ir buceando en sus anteriores trabajos. Aunque no seas fanático del indie, Titanic Rising te va a convencer porque, sencillamente, es un gran álbum.

Quién es WEYES BLOOD

De hermanos y padres músicos, Mering estaba determinada a acabar en el negocio de los acordes y la composición de forma inexorable. Nacida en 1988 en Santa Mónica, California, y criada en Pensilvania, comenzó a la tierna edad de 15 años a escribir canciones y tan solo con 23 publicó su primer disco, The Outside Room, que obtuvo una buena acogida por parte de la crítica.
Mering quiere reflotar el Titanic

La Discografía: Titanic Rising

Comenzando con la portada, que es espectacular y recrea una habitación inundada por el agua, Titanic Rising es un álbum cimentado sobre la canción femenina de los años 70. En este sentido, a la cabeza nos llega Joni Mitchell o The Carpenters. Pero también recoge influencias más contemporáneas como Enya o el dream pop, eso sí, sin recordar en ningún momento a sus principales abanderados como Beach House o Cocteau Twins.
Mering no es una cantautora cien por cien acústica. Incorpora la electrónica, como podremos apreciar en el corte Movies, de tinte brumoso y con ciertas reminiscencias de Lana Del Rey. Tampoco el disco es una oda al pesimismo y a la desesperanza, aunque suponga el leit motiv de muchos de sus temas. La californiana nos invita a superar nuestros miedos y dolores y a poner una sonrisa en medio de la tempestad, huyendo así del típico shoegaze indie, tan manido en este estilo de música.
Titanic Rising surca su ruta por la canción melódica de los 70, el new age de Enya (sobre todo en lo tocante a las armonías de la voz), el folk-country (lo tenemos en la tierna Picture Me Better) . Everyday es el corte más juguetón y animado del disco, aquel que canturrearás en un paseo al sol de la primavera. Something To Believe bien podría haber estado firmada por los Carpenters y hace gala de un enorme preciosismo compositivo.
El disco vislumbra puerto y comienza su recta final con Mirror Forever, el corte más extraño y oscuro del disco, suavizado por un meloso estribillo. La canción además encierra una de las frases más lapidarias del álbum: “No esperes un trofeo por todo el dolor que has tenido que atravesar”.
Wild Time quizás sea el tema más nostálgico y aquel en el que más se disfruta del magnífico registro vocal de Mering. A modo de curiosidad y dado el título del disco, la cantautora decidió cerrar su cuarto álbum de estudio con Nearer To Thee, supuestamente la última canción que tocó la banda del Titanic antes de hundirse.
No olvides su nombre
Titanic Rising es el puñetazo en la mesa de la californiana Weyes Blood. Y sin denostar en absoluto sus trabajos anteriores, que evidencian que su talento ha ido in crescendo, su cuarta larga duración es tan bueno y elegante que disgustará a muy poca gente. Composiciones sólidas en todos sus cortes, la plenitud de la voz y la hibridación de influencias hacen de este disco una escucha obligada.

Caras B, colaboraciones, versiones

Mering se ha mostrado muy activa en las últimas fechas. Vamos a destacar ya en los estertores del artículo otros cortes igualmente brillantes y que suponen un perfecto spin off a Titanic Rising. Comenzamos con Rough Trade Session, una muy acertada reinterpretación en forma de EP de algunos de los temas del citado disco. Más desnudos, más acústicos y en el que el piano cobra más protagonismo. Es un complemento perfecto, casi el postre, una vez hayas devorado el plato principal.
En materia de colaboraciones vamos a recomendaros un par de ellas. La primera de la mano de Tim Heidecker, Oh How We Drift Away, un expansivo y elegante tiempo medio en el que la sinergia entre ambos artistas es total.
Junto con Zella Day, firma Holocene, etérea, emocional y muy setentera, aquí Mering firma los coros. Y si de versiones se trata, vamos a recomendaros el God Only Knows de los míticos Beach Boys, a la altura de la original.
Terminamos con un guiño vocal. Y si es cierto que la voz de Mering tiende a la plenitud y a la expansión, en Bad Magic, perteneciente al disco The Innocents descubrirás una Weyes Blood oscura y rasgada, bordeando a veces la ruptura en un ejercicio en el que retuerce su voz hasta hacerla casi irreconocible.

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